Conecta Summit 2026: experiencias entre ecosistemas

Conecta Summit 2026: un gran espacio para compartir experiencias entre ecosistemas
En marzo de 2026 estuvimos en Bogotá como panelistas del Conecta Summit Colombia, organizado por Bridge for Billions. El panel se llamaba "Colombia emprendedora: ¿qué estamos haciendo mal y cómo lo podemos hacer mejor?" y la pregunta, lejos de ser protocolo, terminó generando una de las conversaciones más honestas que he tenido en un evento de ecosistema en los últimos años.
Compartí mesa con Isabela Echeverry de BID Lab y Johana Urrutia de la Fundación WWB Colombia, moderados por Maria Paula Godoy. Más de 80 actores del ecosistema estaban en la sala: organizaciones de apoyo al emprendimiento, fundaciones, inversionistas de impacto, sector público. El tipo de audiencia que normalmente escucha diagnósticos optimistas sobre el ecosistema. Esta vez, el formato invitaba a otra cosa.
¿Qué celebramos que en realidad no está funcionando tan bien?
Esa fue la pregunta de apertura del panel, y creo que resume bien el momento que vive el ecosistema emprendedor colombiano. Colombia cerró 2025 con más de 1.8 millones de empresas activas, una cifra récord. Hay más incubadoras, más aceleradoras, más programas de apoyo que en cualquier otro momento de nuestra historia. El Colombia Tech Report 2024-2025 reportó un crecimiento del 24% en startups activas, superando las 2,100 compañías mapeadas. Desde afuera, todo luce bien.
Pero quienes trabajamos dentro del ecosistema vemos las grietas. La pregunta que me hicieron en el panel fue sobre por qué Colombia parece buena incubando pero no escalando empresas, y mi respuesta no fue la convencional.
Nos falta la base del embudo: incubación tecnológica de verdad
En incubación tradicional puede que estemos bien. Hay programas suficientes para ayudar a un emprendedor a estructurar su modelo de negocio, validar su propuesta de valor, armar un pitch. Pero en incubación tecnológica en etapa temprana, el vacío es enorme. Son muy pocos los programas que le permiten a un emprendedor tech generar capacidades reales para construir productos digitales con las herramientas que existen hoy.
Hablo de cosas concretas: entender cómo usar Claude Code o Codex para desarrollar un MVP sin necesidad de un equipo de ingeniería completo, cómo apalancarse en plataformas como OpenClaw o cualquier tecnología emergente que esté disponible en el momento. El emprendedor tech de 2026 tiene acceso a herramientas que hace dos años no existían, pero el ecosistema de apoyo no se ha actualizado para enseñarle a usarlas.
Esa es la base del embudo. Si no tenemos programas que formen emprendedores tech con capacidades reales de construcción, difícilmente vamos a tener un buen número de empresas tecnológicas listas para acelerar o fortalecer en el futuro. El problema del escalamiento no empieza en la aceleración, empieza mucho antes.
No todo emprendedor necesita la misma receta
El otro punto que compartí tiene que ver con los programas de aceleración, crecimiento y fortalecimiento que sí existen. Muchos de ellos cometen un error que parece obvio pero se repite constantemente: no segmentan bien a sus beneficiarios. Queremos aplicar la misma metodología a una empresa de servicios con tres empleados que a una startup SaaS con tracción internacional. La misma cantidad de horas, los mismos talleres, el mismo cronograma.
Dar más no siempre es mejor. Un programa que ofrece 200 horas de acompañamiento no es necesariamente más efectivo que uno que ofrece 40 horas enfocadas en los cuellos de botella reales de cada negocio. La diferencia está en tratar diferente lo que es distinto: segmentar por etapa, por sector, por modelo de negocio, por nivel de madurez tecnológica. Cuando no hacemos eso, terminamos optimizando para el promedio y no movemos la aguja de nadie.
Gran parte de las organizaciones de apoyo al emprendimiento (ESO, por sus siglas en inglés) en América Latina operan bajo ese paradigma: medimos la cantidad de horas de acompañamiento, el número de talleres impartidos, la cantidad de empresarios atendidos. Reportamos actividades, no transformaciones. Los donantes y financiadores muchas veces piden exactamente eso, y las ESO, presionadas por justificar presupuestos, optimizan para esos indicadores en lugar de para el impacto real.
El pago por resultados como modelo del futuro
En el panel planteé algo que genera incomodidad pero que considero necesario: el futuro de las ESO pasa por un modelo de pago por resultados. Si una organización de apoyo al emprendimiento acompaña a un empresario y ese empresario crece en ventas, genera empleos o accede a nuevos mercados, ahí debería estar el indicador de éxito y la base para la compensación.
Este modelo ya existe en otros sectores. Las empresas de servicios energéticos (ESCO) operan así desde hace décadas: implementan mejoras de eficiencia y cobran en función de los ahorros generados. En el mundo del desarrollo empresarial, la conversación apenas está empezando. Pero es una conversación urgente, porque el modelo actual de financiamiento basado en donaciones y ejecución de actividades tiene un techo claro de impacto.
No estoy diciendo que sea fácil ni que se implemente de la noche a la mañana. Medir resultados en emprendimiento es más complejo que medir ahorros energéticos. Pero la dirección es clara: necesitamos alinear los incentivos de las ESO con los resultados de los empresarios que acompañan.
La inteligencia artificial como multiplicador de impacto
El otro punto que compartí en el panel tiene que ver con tecnología. Hoy, una organización de apoyo al emprendimiento con cinco consultores puede acompañar, con suerte, a 50 o 60 empresarios al año de manera significativa. La pregunta que deberíamos estar haciéndonos es cómo esos mismos cinco consultores pueden acompañar a 500 empresarios sin sacrificar calidad.
La respuesta, para nosotros en Suricata Labs, pasa por la inteligencia artificial. No como reemplazo del acompañamiento humano, sino como una capa que permite hacer diagnósticos más rápidos, personalizar recomendaciones, hacer seguimiento continuo y escalar lo que antes solo era posible en formato uno a uno. Estamos desarrollando herramientas de diagnóstico y acompañamiento con IA agéntica precisamente para esto: multiplicar el impacto de cada consultor sin multiplicar el costo.
En un ecosistema donde las micro y pequeñas empresas representan más del 99% del tejido empresarial colombiano, la escala no es un lujo. Es una obligación.
Lo que me dejó el Conecta Summit
Bridge for Billions logró algo que no es fácil: reunir a actores de diferentes niveles del ecosistema y generar una conversación que no se quedó en lo superficial. En alianza con ANDE, presentaron hallazgos sobre el estado del ecosistema emprendedor que dieron contexto real a las discusiones. Y las mesas de trabajo posteriores al panel abrieron espacio para que organizaciones que normalmente no se cruzan empezaran a explorar formas de colaboración.
Si tuviera que resumir lo que me llevo del evento en una sola idea, sería esta: el ecosistema emprendedor colombiano no necesita más programas. Necesita mejores programas, medidos por lo que realmente importa, potenciados por tecnología y diseñados para que el empresario crezca, no para que la organización de apoyo reporte indicadores bonitos. Es la misma conclusión a la que llegué después de visitar Corea del Sur con el ITC: la innovación no se espera, se diseña.
Para que eso ocurra, necesitamos dejar de medir horas y empezar a medir transformaciones.
Si tu organización trabaja en apoyo al emprendimiento y quieres explorar cómo integrar inteligencia artificial para multiplicar tu impacto, conversemos.
